Según explicó, todo el flujo de personas de esa ciudad deberá ser derivado a vuelos con destino Ushuaia. Sin embargo, remarcó que Aerolíneas Argentinas todavía no presentó un plan de contingencia específico ni brindó información clara a los usuarios. «Esperamos que los lugares que tenía Río Grande se sumen a Ushuaia y no se recorte capacidad, pero hoy no hay ninguna planificación. Ni siquiera es sencillo comunicarse con Aerolíneas, porque acá no tienen oficina», cuestionó.
Brisighelli aclaró que el aeropuerto de Ushuaia, en sí mismo, no es el cuello de botella: la terminal puede operar de 10 a 12 vuelos diarios y, en picos de alta demanda, llegar hasta 18 sin mayores inconvenientes operativos.
El verdadero problema, insistió, es el transporte terrestre entre Ushuaia y Río Grande. «El sistema actual no tiene capacidad para absorber entre 250 y 300 pasajeros extra por dia. Es una estructura pensada para la demanda histórica, no para un traslado masivo y extraordinario», advirtió, señalando que podrían registrarse demoras, falta de vehículos y complicaciones logísticas para residentes y turistas.
También marcó diferencias con lo sucedido cuando cerró el aeropuerto de Río Gallegos y se derivó pasajeros a El Calafate. En ese caso, «la infraestructura de transporte automotor es mayor y permitió organizar refuerzos». En cambio, en Tierra del Fuego no está claro quién asumirá el costo y la organización del traslado entre las dos ciudades: «Ni la Provincia, ni el Municipio, ni la aerolínea han presentado aún un esquema concreto», remarcó el empresario.
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