La situación de crisis energética que se vive en la localidad de Tolhuin preocupa. Al masivo apagón ocurrido un mes atrás, que activó una histórica «pueblada», se le sumó un nuevo episodio el pasado fin de semana, donde, producto de un desperfecto en el sistema de generación los habitantes volvieron a padecer extensos períodos sin el esencial servicio. Lo que se traduce, al margen de las pérdidas económicas, en la imposibilidad de realizar las actividades esenciales de la vida.
En charla con IF Emilio Sáez, el dueño de la emblemática panadería «La Unión», se muestra por supuesto movilizado por la cuestión. Máxime porque a su cargo están nada menos que 50 familias de la localidad: «Tolhuin es un pueblo de servicios», aclara con certeza.
«El Estado ya debería intervenir. Tienen que privatizarlo», asegura el comerciante, para poner como ejemplo y contrastar lo que es la DPE con el tema del gas, a cargo de la distribuidora Camuzzi: «una empresa privada, entonces se calientan porque todo funcione. Si no pagás, te lo cortarán».
Respecto de las constantes fallas que sufren los equipos instalados en la localidad mediterránea, Sáez conoce bien del tema. «Un pueblo no puede estar esperando, con un motor que está medio fundido, un repuesto de Buenos Aires. Y con otro que ya está listo para fundirse», explica.
Además, el propietario de la confitería expone que es inadmisible, estando en el siglo XXI, que se manejen con estándares obsoletos y la energía esté a cargo del Estado. Mencionó por ejemplo que se le podría comprar energía a las empresas que minan bitcoins en Khami, porque les sobra. Algo que es moneda corriente en otras partes del planeta, dado los tiempos que corren.
«Esto es obsoleto, ya no tiene sentido, el Estado no tiene por qué darnos la luz. Yo el sábado y doming me las arreglé, tengo un grupito electrógeno chico, pero es solamente para las máquinas registradoras, para la luz. Zafé porque mis panaderos vinieron a las 3 de la mañana, se descongelaron varias cosas, algunas se echaron a perder», relata.
Saez insiste con que en cualquier parte del mundo, cuando un usuario X genera más electricidad lo que sobra se lo inyecta a las líneas. «No hay energía más cara, que la que no se da«, subraya.
Para dejar una reflexión final, comenta que en Europa cualquier persona que tiene una pantalla solar también puede inyectarla a la red. «Un pueblo que vende servicios y no tiene electricidad«, sentencia
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