Entre la bronca y la resignación, el empresario denunció la falta de previsión oficial, advirtió sobre la destrucción de equipos sensibles, y cuestionó la inacción frente a un problema que, aseguró, “tiene la receta justa para fundir un pueblo en 10 días”.
“Hace más de 10 días veníamos con cortes interrumpidos de luz cada seis horas. Los chicos trabajaban seis, descansaban dos o tres, y volvían a empezar. Pero desde el viernes nos quedamos definitivamente sin energía y ya no tenemos ninguna posibilidad de producir”, relató el propietario.
La decisión de despedir al personal, reconoció, fue “dolorosa pero inevitable”. “No estoy orgulloso de eso, porque atrás hay familias que pusieron mucho esfuerzo. Tirar todo a la basura por la ineficiencia de quienes no supieron prever que un equipo tiene sus límites, es una pena enorme”.
El empresario advirtió que las consecuencias no se limitarán al cierre inmediato: la paralización y los cambios bruscos de temperatura podrían destruir por completo los equipos. “Cuando nos devuelvan la luz, si es que lo hacen, va a costar meses volver a recuperar la producción”, lamentó.
Cabe destacar que los trabajadores de secaderos de turba deberían estar enrolados en el Convenio Colectivo de Trabajo Nº 564/2009, y afiliados al Sindicato de Trabajadores de Industrias Químicas y Petroquímicas.
gremialesdelsur


