A once años de la primera movilización de Ni Una Menos, el movimiento feminista vuelve a las calles en todo el país para reafirmar su reclamo contra las violencias por razones de género. La fecha del 3 de junio se mantiene como un símbolo de lucha colectiva, en un contexto en el que las cifras de femicidios, transfemicidios y travesticidios continúan reflejando una problemática estructural sin resolver.
El origen de Ni Una Menos se remonta al femicidio de la adolescente Chiara Páez, ocurrido en 2015, un hecho que marcó un punto de inflexión en la historia reciente del país. Once años después, nuevos casos como el de la adolescente Agostina Vega vuelven a evidenciar la persistencia del problema y la reiteración de escenas de violencia que se replican en distintos puntos del país.
En este marco, organizaciones y observatorios actualizaron cifras que profundizan la magnitud del escenario actual: en lo que va de 2026 se registran 95 femicidios y travesticidios, junto con 95 tentativas de femicidio, 66 infancias huérfanas, 59 mujeres y niñas desaparecidas, y al menos 5 crímenes en investigación bajo sospecha de femicidio. Además, se contabilizan 97 marchas realizadas para exigir justicia y 60 funcionarios denunciados por violencia de género.
Las movilizaciones del 3 de junio se replican en distintas ciudades del país, con consignas que se repiten año tras año: la exigencia de justicia, el reclamo de políticas públicas efectivas y el pedido de una vida libre de violencias.
Estado y responsabilidad estructural
Las organizaciones advierten que la violencia de género no puede entenderse solo como hechos aislados, sino como una estructura sostenida en el tiempo. En ese sentido, sostienen que el Estado tiene un rol central, tanto por acción como por omisión, en la reproducción de estas violencias.
Se señala la tolerancia institucional, la minimización de los casos y las fallas en la respuesta judicial como factores que contribuyen a la impunidad. La demora en la aplicación de protocolos, la falta de investigación oportuna y la revictimización de las familias son parte de los señalamientos recurrentes.
Los femicidios, travesticidios y transfemicidios no constituyen hechos aislados, sino la expresión extrema de desigualdades estructurales. Las violencias económicas, simbólicas, laborales e institucionales atraviesan de manera cotidiana la vida de mujeres y disidencias.
En este escenario, se advierte además la expansión de discursos negacionistas y misóginos, que impactan sobre consensos democráticos construidos durante décadas y debilitan políticas de protección de derechos.
Movilizaciones en Tierra del Fuego
En el marco del 3J, las ciudades de Río Grande, Ushuaia y Tolhuin serán escenario de movilizaciones simultáneas organizadas por la Colectiva TDF y agrupaciones locales.
En Río Grande, la concentración principal se realizará a las 17:00 horas en la Torre de Agua / Plaza Almirante Brown, con marcha y lectura de documento colectivo. Luego, la jornada continuará en la Universidad Nacional de Tierra del Fuego con una clase abierta y un encuentro comunitario.
En Ushuaia y Tolhuin también se desarrollarán actividades simultáneas con consignas centradas en la igualdad, la justicia y la erradicación de las violencias.
A once años de Ni Una Menos, la consigna sigue vigente como expresión de una deuda estructural. Las cifras de 2026 refuerzan que la violencia de género no es un fenómeno excepcional, sino persistente, sistemático y evitable. En ese marco, el reclamo social se mantiene: sin políticas efectivas, la violencia continúa reproduciéndose.


