«El despacho presidencial funciona hoy como un búnker de máxima clausura. El acceso directo al jefe de Estado está totalmente prohibido y bloqueado». Ningún «ministro, legislador o funcionario puede mantener reuniones de alto nivel con el presidente de la Nación sin la autorización explícita de su hermana».
«La botonera del Estado quedó secuestrada bajo un filtro impenetrable. Toda la gestión técnica y las decisiones operativas del Gobierno están virtualmente congeladas a la espera del filtro de Karina. Javier Milei permanece aislado del entorno político, recluido y despojado del trato directo con sus propios colaboradores».


