Rafaela Ishton había sido bautizada en la “Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria. Misión Salesiana. Río Grande. Tierra del Fuego” el 1 de enero de 1920, según se indica en el acta de la ceremonia bautismal.
Creció en el contexto del proceso de agonía de su etnia, luego de las persecuciones y acosada por las enfermedades. Durante su adolescencia se produjeron continuas epidemias, que fueron diezmando a los selk´nam.
En esos años, los sobrevivientes fueron abandonando la vida nómade y adecuándose a las labores en las estancias fueguinas. Fueron requeridos por sus habilidades y conocimiento de la geografía donde se desarrollaba la ganadería. Rafaela y su familia se afincaron en la cabecera del lago y se sumaron a esa actividad.
Tuvo cinco hijos: Juan Carlos, María Esther, Amalia, Carlos Armando y Aldo Domingo y gran cantidad de nietos.
La comunidad selknam de Argentina lleva su nombre, siendo la única entidad originaria identificada con el nombre de una mujer.
En una semblanza que escribió Oscar Domingo Gutiérrez, narró un encuentro, cuando estaba internada en el hospital de Río Grande, en 1981: “comencé la visita bromeando sobre su ‘peronismo’, para ver si encarrilaba con la memoria por espacios poco transitados de la historia lugareña: la política (…) Pero Rafaela sólo atinaba a lamentarse del tiempo que estaba perdiendo, de su casa allá en el Lago, de que nadie la iba a atender como lo haría ella, de la mala suerte esta de dar con el camino y sus huesos. Todavía le dolía la columna, más que las quebraduras en sí, y respiraba profundamente como para mitigar su sufrimiento” (Los Selk´nam, ausencias y presencias).
Gutiérrez le preguntó “si no quería mandar un mensaje para el campo, informando de su situación: – ¿Así que es de LRA 24? Mire, yo… en la cama 24- (…) Lo que sí tengo presente es que aquel sábado Rafaela me llenó de preguntas, y la situación se repitió toda vez que de allí hasta diciembre nos cruzamos por los pasillos del hospital. Hasta que un día, bastón en mano y movilizándose con relativa dificultad, me dijo que por fin la dejaban ir a Ushuaia y que allí sería recibido por si quería que le contara algo de su existir”.
En esos días, también charló con Amalia quien, reflejando las conversaciones con su madre, enfatizó “el revivir de un sentimiento: los nietos, bisnietos, tataranietos de ‘aquellos onas’ deben unirse para recuperar parte de las tierras de las que fueron despojados” (op.cit.).
A partir de su fallecimiento, los sobrevivientes selk´nam tomaron su nombre como estandarte e identificaron a la entidad que bregó por el reconocimiento de sus derechos como «Comunidad Indígena Rafaela Ishton», que, además de la difusión de su cultura a través de muestras y disertaciones, logró la restitución de la reserva que se le había adjudicado en la década del veinte, durante la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear, en las cercanías de Tolhuin.
En el acto homenaje el entonces gobernador Adolfo Luis Sciurano afirmó «a través de su lucha por recuperar parte de su tierra y por el orgullo de sentirse selk´nam, todos los que la conocimos, poco a poco nos convertimos en herederos inmemoriales de su cultura».
Fuente: Bernardo Veksler


