RUBY BRIDGES A LOS SEIS AÑOS: UNA LECCIÓN CONTRA EL RACISMO

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Era 1960, tenía solo seis años de edad y se preparaba para iniciar su primer día de escuela. Alguien llamó a la puerta de su casa: eran unos hombres trajeados, de raza blanca, con unas bandas amarillas en los brazos que, al entrar, dijeron: “Somos policías federales. Nos ha enviado el presidente de los Estados Unidos”. Así que se fue con ellos, subió a su auto y se dirigió a la escuela: la William Frantz Elementary, que hasta entonces nunca había aceptado a un niño que fuera como ella. Esto es: de raza negra.

Poco después, llegaron. Y la niña vio, alrededor de la escuela, a una multitud. Al principio pensó que estaban de fiesta, pero enseguida comprendió que se habían reunido por ella. Y, también, el porqué de la visita de esos dos hombres de traje: habían ido para protegerla. Porque esa multitud le esperaba con pancartas, en donde había frases contra ella. Y algunos le gritaban y hasta le arrojaban objetos. Es más, una mujer, que sostenía una caja que simulaba ser un ataúd, se acercó hasta ella y le enseñó el contenido. Dentro había una pequeña muñeca negra. Habían pasado ya seis años desde que se había declarado ilegal la segregación racial. Pero eso no significaba que no quedaran grupos importantes en contra de esa ley que afirmaban que, si iban a la escuela, los niños negros entorpecerían el desarrollo intelectual de los niños blancos. Y eso que, pese a todo, los aspirantes afroamericanos estaban obligados a hacer pruebas que demostraran su nivel. Pruebas que, por cierto, esa niña a la que todos increpaban, Ruby Bridges, había pasado sin problema. Es más: no había sido la única. Pero los padres de los otros niños no se habían atrevido a llevar a sus hijos a esa escuela por temor a las consecuencias. Así que Ruby tuvo que asistir sola durante un año a las clases. Sin que ningún otro niño se acercara. Sus padres también sufrieron por esa decisión. Y sus abuelos, que fueron expulsados de sus tierras en Mississippi. Pero, a pesar de todo, Ruby persistió. Y aunque muchos profesores no quisieron impartirle clases, logró superar los cursos y acabó estudiando turismo en Kansas. A la vez que, afortunadamente, el mundo cambiaba, gracias a luchadores que como ella mostraron los males que había que dejar atrás. Pese a los sufrimientos, pese al rechazo. Pese a contar, como era su caso, con tan pocos años. Fuente: Revista cultural Hermeneuta

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