Por qué la comedia de Netflix es tan real que da llanto. No miren arriba: la banalidad del poder

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¿Podría la humanidad, tal como la conocemos hoy, llegar a desaparecer montada en su propio embrutecimiento? La pregunta que plantea No miren arriba, la ácida comedia de Adam McKay --y de Netflix--, es bien pertinente en tiempos en que una pandemia que esparce por el globo millones de muertes, y un cambio climático que ya muestra sus terribles consecuencias, deberían replantearlo todo. Y sin embargo todo sigue (y al parecer seguirá) funcionando tal como lo conocemos.

La peli que está siendo amada y odiada con igual intensidad comienza cuando dos científicos de una universidad estatal descubren que dentro de seis meses y catorce días, un cometa de enormes dimensiones caerá sobre el Océano Pacífico. Si no se hace nada para evitarlo, la raza humana se extinguirá, tal como ocurrió con los dinosaurios. 

Curiosamente no hay mención alguna a la pandemia (más allá de una mini escena guiño con barbijos) ni al cambio climático, pero los espejos son constantes. En cambio, sí se escenifica, llevado a un ridículo que al mismo tiempo se expone, otra cantidad de emergentes actuales del rumbo del desastre: un capitalismo que ya no responde a Estados, presidentes al servicio de supra corporaciones, decisiones fundamentales a partir de algoritmos y tendencias en redes sociales, sociedades incapaces de cualquier conciencia crítica más allá del ingenio de un meme, un estado de cosas que todo lo espectaculariza y banaliza, que lleva a negar la ciencia, el conocimiento y hasta la evidencia palpable y visible (por eso el tan bueno el título). 

Y, en general, un sistema que se lo devora todo, incluido cualquier intento por cambiarlo

La figura de una presidenta mujer para Estados Unidos (la espléndida Meryl Streep), más bruta, más necia, más racista, más reaccionaria y más dada al show que Trump, es bien interesante en este sentido. También la del magnate emprendedor tecnológico que es una suerte de Elon Musk, Jeff Bezos, Bill Gates,Mark Zuckerberg y Steve Jobs batidos y potenciados, que evidencia algún tipo de Asperger y desde allí brega por derribar las barreras de la comunicación y el aislamiento y terminar con la pobreza en el mundo. Además de tener listos planes A y B para el fin del mundo –y de imponerlos sobre los de la comunidad científica–, el algoritmo que desarrollaron sus ingenieros es capaz de predecir cómo moriremos

El magnate de la tecnología Peter Isherwell (Mark Rylance), lleno de taras y tics, tan inspirado en los reales.

Ciencia real

En un momento de la película se comienza a negar la existencia (probada) del cometa. En campaña, la presidenta arenga: ¡No miren arriba! ¡Miren a sus pies, avancen paso a paso! Con impulso algorítmico de las redes y efecto en los comportamientos de las personas, se instala la grieta, cargada de odio al que piensa diferente. 

“Es una peli que sirve muchísimo para empezar a discutir el modo en que se construyen las verdades en la política y en la ciencia. Y tiene bastante semejanza con lo que ocurre en la comunicación pública de la ciencia: científicos super bochos a los que les cuesta comunicar en los medios y llevar sus ideas a la política, políticos que solo preguntan ‘cuánto me va a salir’, medios que espectacularizan”, observa el periodísta cientítico de este diario Pablo Esteban, que acaba de finalizar su tesis doctoral, justamente, sobre comunicación pública de la ciencia.

“El tema de las evidencias científicas siempre causa problemas, porque la ciencia misma es una construcción de la cultura: es una verdad transitoria, como suele decir el gran Alberto Kornblihtt –advierte–. Llevado a la pandemia, esto hace que la OMS salga en marzo de 2020 a recomendar no usar barbijo y poco después su uso obligatorio. Es un momento muy especial y la peli lo toma muy bien”.

“Muchas veces esto habilita las instancias de relativismo absoluto (el virus no existe, el peligro del cometa no existe). Las falsas creencias, las pseudociencias, hacen pie en discursos que comunican desde la emoción, antes que la racionalidad, y están muy bien armados en ese sentido. Pero hay que seguir dando todas las explicaciones necesarias, argumentar, una y otra vez, de la misma manera que el personaje de Di Caprio está obligado a explicar muchas veces cuáles son las características de ese meteorito”, propone Esteban. “No suma plantear que la ciudadanía es ignorante y que debemos educarlos. Desde la agresión es imposible convencer“, concluye. 

A los científicos se les complica contar que el mundo se está por acabar en la tele.

Asteoride real

“Nuestro trabajo se va haciendo cada vez más difícil, y la lucha cada vez más desigual”, plantea Mariano Ribas, jefe de Divulgación Científica del Planetario. “Si cuando empezamos a laburar en esto, en los 90, me decían que en 2020 se iba a reflotar la idea de la tierra plana, yo me hubiera reído mucho. Y sin embargo acá estamos, teniendo que discutir eso”, se ríe ahora. 

La divulgación se vuelve muy difícil en la lógica de las redes, y de los medios que reproducen adrede, detrás del click, fake news de ciencia. Llevado al tema de la película, ¿cuántas veces vimos anuncios de eclipses que no se pueden ver porque hicieron copy paste del hemisferio norte? ¿Y de asteorides que en el título van a impactar sobre la tierra, pero que a la cuarta línea disminuyen las chances a una en un millón? Ese tema en particular es preocupante, porque se lo frivoliza tanto, que termina perdiendo peso específico. Pero la amenzada del cielo es real“, advierte Ribas.

Según puntualiza, la hipótesis de la película es perfectamente verosímil: “en este momento hay más de 2.000 asteroides potencialmente peligrosos, objetos con chances reales de impactar contra la tierra, en algún momento”, asegura. Describe también que varias escenas de la película son verosímiles (el rastreo, el protocolo, los mecanismos de defensa previstos no solo por la Nasa, también por las agencias espaciales europea, rusa o china). Recuerda una misión que fue noticia hace poco, Dart, un ensayo de defensa planetaria que impactará en un pequeño asteroide en septiembre próximo. “El tema está totalmente en agenda, ya pasó de la etapa de modelo a la de prueba. Y los medios ya lo están banalizando“, concluye.  

El jefe de gabinete de la presidenta Orlean es su hijo, el desagradable Jason (Jonah Hill).

Derecha real 

Gobernando el mundo, aunque supeditada a las corporaciones, aparece una derecha reaccionaria, supremacista, racista, fascista, muy identificable en la vida real. Trabajos como los de Pablo Stefanoni (¿La rebeldía se volvió de derecha?, editado por Siglo XXI) o Federico Finchelstein (Breve historia de la mentira fascista, Taurus) dan buena cuenta de ello.  

“Es valioso cómo eso está muy bien ubicado en el guión en clave de comedia o sátira, pero sin medias tintas”, opina Alejandra Roca, a cargo de la cátedra de Ciencia, Tecnología y Poder en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Destaca el lema que enarbola la presidenta de la ficción: ¡We’ll prevail! (¡Prevaleceremos!).

Y marca que “lo primero que surge es la banalidad absoluta del poder“, haciendo foco en un personaje que, en la trama, deja atónita a la científica que encarna Jennifer Lawrence: el militar de alto rango de Defensa que les cobra galletas que son gratis mientras esperan a ser atendidos en la Casa Blanca (la espera será larga, la Presidenta está festejando un cumpleaños). “¿Por qué hizo eso? ¡Es ridículo, no lo necesita!”, se pregunta una y otra vez la joven que llega allí a advertir que el mundo está en peligro. “Tiene que ver con el poder de la información, del conocimiento. Cómo no poseerlo te deja expuesto a que te estafen y te humillen. No es menor la escena: su valor es dejar en evidencia la vulnerabilidad del que ignora“, propone Roca.

Además de destacar que los científicos que descubren el cometa provienen de una universidad pública, no hegemónica (de Alabama… o de Michigan… apuntan los presentadores del programa de chimentos en tono de burla), Roca marca otros paralelismos con la pandemia. “Es un fenómeno global que atraviesa todo y es monopolizado por el poder financiero-tecnocientífico. Sobre el que opera la ‘activa producción de ignorancias’ de medios y redes, como dice Boaventura de Souza Santos. Y, sobre todo, que ha enriquecido a los más ricos”. 

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