Mauricio Macri y un renunciamiento obligado por una imagen negativa irremontable

La decisión del expresidente de dar un paso al costado dejó la puerta abierta a la interna entre palomas y halcones en el PRO y, se prevé, será encarnizada.

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El ex presidente y líder del PRO, Mauricio Macri, se bajó finalmente durante el último fin de semana de la carrera para conducir la Casa Rosada a partir del próximo 10 de diciembre.

Tras convertirse en el primer mandatario argentino en no lograr la reelección en 2019 Macri se mantenía expectante y jugaba al misterio en torno a la posibilidad de buscar una vez más la presidencia tras quedar marginado en las urnas cuatro años atrás frente a Alberto Fernández que logró imponerse en primera vuelta.

Aunque puertas adentro del PRO siguen reconociendo a Macri como su líder, su figura al interior de la alianza Juntos por el Cambio está más que esmerilada. Y puertas afuera el clamor popular que esperaba nunca llegó tampoco.

Tras fallar en su intento reeleccionista, Macri sustentó sus esperanzas de volver a la Casa Rosada en el 40,3% de los votos que obtuvo en las elecciones de 2019. En el fuero íntimo esperaba poder edificar sobre esos 10.811.586 votos una vuelta triunfal.

Sin embargo los números le dan la espalda y desde que dejó la presidencia, lejos de poder mejorar sus chances de un «segundo tiempo», su imagen negativa no para de caer.

Por caso, una encuesta de Nueva Comunicación realizada en febrero pasado mostró que la imagen negativa de Macri alcanza el 73% en suelo bonaerense, teniendo el peor diferencial de los dirigentes políticos con -50 puntos porcentuales.

A nivel nacional, la imagen negativa del ex presidente oscila entre el 50% y el 60%, con un diferencial negativo que el tiempo no hizo más que empeorar.

Al rechazo popular se suma que tal como el mismo reconoció, a Macri lo aburre la gestión pública. De hecho, apenas dejó la presidencia no tuvo reparos en admitir que durante su gestión a las 19 dejaba todas sus obligaciones de lado para poder tirarse a ver Netflix.

Con su obligado paso al costado, la interna entre halcones y palomas del PRO quedó liberada y, se prevé, será encarnizada.

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