“Es muy difícil contar que uno fue violado”

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El denunciante es familiar del imputado Mario Alejandro Gordillo y afirmó que él conoce a muchas otras víctimas de su accionar abusivo. Un joven riograndense se atrevió a denunciar en sede judicial y ante la prensa, el suplicio vivido desde sus 6 años de vida, cuando dijo haber sido violado por el odontólogo que actualmente está siendo enjuiciado por abuso sexual de un niño, entre sus 11 y 13 años de edad.

El joven Lucio, nombre ficticio para preservar su verdadera identidad, decidió romper el silencio que se había prometido a sí mismo guardar, desde su más tierna infancia. Alentado por el paso dado por Matías, el muchacho que llevó a juicio a Mario Alejandro Gordillo, de quien fue paciente entre sus 11 y 13 años de edad, él emprendió el mismo camino a Tribunales, en un intento de sanar, y de exorcizar un trauma que no lo deja vivir en paz.
Entrevistado por el periodista
Fernando “Sapo” Medina, Lucio comenzó señalando que él y el joven que imputó penalmente a Gordillo no son las únicas víctimas del dentista: “Yo estoy seguro que hay más chicos, se habla de 30 a 50 chicos abusados por él solo en Río Grande. Muchos se han ido de la isla pero otros tantos siguen acá. Siempre hubo muchísimas denuncias en las redes y también escraches, pero todo después quedaba en la nada mediante acuerdos de parte, como ocurrió en el año 2009 en Punta Arenas, en donde éste hombre tuvo una denuncia similar que después fue retirada por los padres de un menor”.

Sobre lo difícil que le resultó dirigir sus pasos al Juzgado para radicar en esa sede una denuncia formal contra alguien que es además miembro de su propia familia, Lucio reflexiona ante el micrófono del portal Resumen Policial: “Esto de que un hombre denuncie o que cuente estas cosas no es fácil. No se animan. Yo los entiendo porque me costó mucho a mí hacerlo, pero por el bien de todos les pido que al menos lo hagan de manera anónima. Esto tiene que servir para que Mario Gordillo no pueda seguir haciendo lo mismo con otros chicos. Que le quiten la matrícula para que no pueda trabajar porque a pesar de que la Justicia le prohibió atender a niños y adolescentes, lo sigue haciendo igual porque se cree impune. Para él nunca pasó nada”.

Consultado por qué decidió hablar ahora, Lucio admite que fue recién después de haberse enterado por las noticias que Gordillo había sido denunciado por otro chico que creyó que era el momento de que él también expusiera lo que le había pasado. Con gran pesar, dado que se refiere a personas que integran su propia familia, Lucio relata que cuando sus padres fueron a hablar con la madre de Gordillo, ella lo justificó diciendo que lo que él hacía era “solo un juego de niños. Su hermana lo defiende y es muy loco porque ella es también profesional odontóloga y tiene dos hijas. Lo mismo pasa con su mujer, con quien tiene dos hijas y que lo sigue defendiendo. Su propio padre lo defiende, lo acompaña y nos acusa de que lo cagamos a piñas. ¡El es el victimario, no la víctima!. A mí me abusó durante un montón de años y tengo hermanos, primos y chicos de mi barrio Chacra II, a los que les ha pasado lo mismo!”.
Visiblemente conmovido, el entrevistado rememora: “Mis penurias comenzaron desde mis 6 años hasta los 19. Al comienzo solo eran manoseos cuando yo iba a la casa de su madre a jugar. Cuando íbamos al baño, él entraba, nos frotaba el pene, nos sacudía, nos llegaba a masturbar. Un día me llevó en su auto a otro consultorio que en esa época tenía detrás de la Virgen del Carmen, por calle Alberdi. Recuerdo que me hizo bajar y quiso tocarme. Yo me defendí como pude, era un nene de unos 7 años, y corrí para esconderme aterrado debajo de un escritorio del consultorio. El me agarró, me sujetó las dos manos, se subió arriba mío y comenzó a frotar su pene contra mi cola. Yo le rogaba que me dejara, empecé a llorar pero me penetró por primera vez. Me dolió muchísimo, era un dolor constante, le pedía que saliera pero me decía que con el tiempo me iba a gustar y que se me iba a pasar el dolor. Desde entonces esa escena se repite como una pesadilla constante en mi cabeza, y cada vez voy encontrando más detalles sobre cómo estaba el escritorio, cómo era la casa… es terrible, muy traumático. El me acabó adentro. Recuerdo que en mi inocencia de niño no entendí cuando al tirarme un pedo me salió semen. El entonces me dijo que fuera al baño. Y cuando me senté en el inodoro no salió caca sino semen…”.
Al horror de su relato, Lucio suma otros recuerdos que involucran directamente a su mamá, a la que mantuvo al margen de lo que estaba ocurriendo: “Siempre amenazado, yo callé y mi madre me siguió llevando a su consultorio, el que tuvo después en la calle Viedma, en Entre Ríos, en donde me obligaba a hacerle sexo oral y me hacía sexo oral a mí. Con 13, 14 y 15 años me obligaba a tener sexo con él. Yo no quería. A mí me gustaban las chicas. Pero él me amenazaba diciéndome que si no lo hacía él le iba a contar a todos mis amigos que yo era puto. Y si me negaba me forzaba y me violaba con más fuerza, me pegaba. También me sobornaba para que callara, como un consuelo”.
Finalmente, con necesarias y respetuosas pausas en la entrevista, dada la naturaleza del tema, el comunicador Fernando Medina le pregunto a Lucio qué expectativa alberga luego de haber denunciado formalmente a Gordillo.
“Lo concreto es que a ambos nos une un vínculo familiar, pero él me abusó sexualmente con penetración. Estuve mucho tiempo escondiéndome de él. Si lo veía caminando en la calle, yo cruzaba de vereda. Si iba al supermercado y él estaba ahí, me iba. Vivía eludiéndolo. Pero ahora ya no más. En donde me lo cruzo le hago frente. ¡No me escondo más!. El horror de lo que me hizo a mí seguramente se lo sigue haciendo padecer a otros chicos porque es un pedófilo serial. Por eso rompí el silencio, opté por hablar y denunciar. Ahora la Justicia es la que tiene que actuar”.


Diario Prensa

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