Una bandera puede cambiar la historia y si esa bandera es, en realidad, un trapo malvinero que nació en las tribunas de Estados Unidos que celebraban otra victoria heroica ante Inglaterra, mucho más.
Ese pedazo de sábana blanca con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” que inició su interminable recorrido el 15 de julio de este año tras el triunfo de la Selección por 2-1 en las semifinales del Mundial, llegó hasta el verde césped del Monumental para acompañar la despedida de otro héroe deportivo, quizá el máximo: Lionel Messi.
Y acompañó la entonación del Himno Nacional por parte del cantante y excombatiente Fabio Santana y un coro de miles en el estadio de River y millones que lo acompañaron por radio y televisión, con lágrimas en los ojos, para hacer sentir su estruendo hasta en el número 10 de Downing Street.
✊⚽ La bandera "Las Malvinas son Argentinas" presente durante el Himno Nacional Argentino cantado por Fabio Santana, ex combatiente de Malvinas, en la despedida de Messi. https://t.co/GRDa0DlBxE
— Tiempo Argentino (@tiempoarg) October 6, 2026
Ese trapo pudo cambiar la historia y la argentina en particular, con un Presidente que pasó de admirar a la criminal Margareth Thatcher (seguramente en privado lo sigue haciendo) a aferrarse a las islas con uñas y dientes cuando descubrió, después de aquel 15 de julio, que un país podía movilizarse por la causa de la soberanía.
Cuando vio que, tras iniciar su recorrido, trapos idénticos se multiplicaban en todas las canchas de fútbol y de cualquier otro deporte más o menos popular, aparecían donde nadie podía esperarlo: en grandes clubes y en los de barrio.
Cuando puso atisbar entre la densa neblina del ajuste anarcocapitalista que tras ese pedazo de sábana se había encolumnado una Nación. Y por qué no usarla partidariamente, se habrá preguntado, a poco más de un año de las elecciones en las que pretende la reelección. Y lo hizo, y lo hace. Por qué tener vergüenza cuando todo alrededor se derrumba y vale agarrarse al primer salvavidas que se tenga a mano…


