A veinte años de la Ley de Educación Sexual Integral -26.150-, el mapa federal de la Educación Sexual Integral (ESI) aparece cada vez más fragmentado: mientras algunas jurisdicciones sostienen la política, otras como provincia de Buenos Aires –excepcionalmente– la fortalece, y en otras se reducen equipos, desaparecen referentes, se interrumpen capacitaciones y materiales y se corta la articulación con Nación.
A pesar de los embates del Gobierno, tanto de Ciudad como de Nación –que hizo de ella un enemigo público– la ESI continúa presente en las escuelas, universidades y organizaciones sociales, gracias a una extensa red de educadorxs que la valoran. Esa militancia es encarada desde hace casi tres años por organizaciones y personas en las 24 jurisdicciones del país, y muchas de ellas forman parte del Movimiento Federal por Más ESI.
No es ideología, sino evidencia científica
La ESI no es un conjunto de opiniones o una «ideología siniestra”: es una política pública basada en evidencia científica. Respaldada no solo por las leyes de nuestro país, sino por recomendaciones y legislación internacional de la UNESCO y la OMS. Gracias a la ESI, miles de niños y niñas pudieron identificar y comunicar, mayormente en la escuela, situaciones de abuso, delitos que en una abrumadora mayoría ocurren en el ámbito familiar o entorno cercano.
Según el Ministerio Público Tutelar porteño, casi el 80% de los niños y niñas que denunciaron abuso sexual pudieron hacerlo a partir de haber tenido una clase de ESI.
Graciela Morgade —vicedecana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, doctora en Educación y especialista en ESI— dijo a Página/12 que rescata que la ley sigue vigente, pero que los gobiernos nacional y porteño no están acompañando el desarrollo de la ESI y denuncia un proceso de desmantelamiento y desfinanciamiento.
A pesar de esos embates, su implementación sobrevive en algunos espacios gracias al compromiso de docentes, estudiantes y comunidades educativas: “Además de estar desfinanciada, la ESI está impugnada teórica e ideológicamente”, explica Morgade.
Las provincias quedaron libradas a sus propias políticas locales y a su suerte. Además —cuenta Morgade—, “tenemos una enorme heterogeneidad entre provincias. En la provincia de Buenos Aires se creó y se sostuvo una Dirección de Educación Sexual Integral. Pero también hay provincias en las que prácticamente ya no hay equipo provincial”.
Muchos jóvenes entienden que es un derecho
A pesar de todo, la ESI sigue con vida también en las demandas estudiantiles, docentes, sindicales. Adolescentes y jóvenes conocen la existencia de esta ley, saben de qué van sus temas, entienden que es un derecho recibir este tipo de información y formación y, cada vez que pueden, la piden.
Según Morgade, “la demandan en los centros de estudiantes y en entrevistas cuando tenemos oportunidad de hacérselas. Reconocen a la ESI como una política de la Argentina. Yo, a veces, con humor digo que la ley es como la birome y el dulce de leche porque a nivel internacional, se la reconoce como una política pública argentina de ampliación de derechos de enorme validez”.
Valeria Sardi, docente e investigadora feminista de la UNLP y militante por la ESI, explica: “Hay un acumulado de experiencias en distintos espacios educativos que se fueron desplegando en estos 20 años que dan cuenta de una potencia en relación con la ESI que permite resistir de otro modo los ataques y embates actuales. Sin embargo, también se dan cotidianamente resistencias que se presentan desde el discurso del adoctrinamiento y, sobre todo, con discursos de odio que nos retrotraen a épocas en las que aun no estaba la ESI, a cuestiones que creíamos saldadas”.
Para Morgade, a 20 años, la Educación Sexual Integral generada por la ley es mucho más amplia, profunda y compleja que en sus inicios. Algunos hitos que se podrían mencionar en el propio desarrollo de la ESI tienen que ver con otras leyes que fueron el contexto normativo con el que la ESI dialogó: la primera de ellas es la Ley de Educación Nacional, la 26206.
La ley de ESI, créase o no, no menciona la categoría “género” en ningún lado. Tampoco usa las palabras “Derechos Humanos”, pero la Ley de Educación Nacional, votada un mes más tarde, en el año 2006, menciona en varias oportunidades esas dos ideas, “género” y “DDHH”, como orientaciones generales de la política educativa, necesarias y éticas. Morgade ve en esto algo que tiene que ver con el propio diseño de la ESI: cómo, de a poco, va incorporando en las prácticas a cuestiones que en la ley no habían estado.
Otras leyes que conforman el clima social con el que la ley de ESI fue dialogando en estos años, fueron la Ley de Matrimonio Igualitario de 2010; la de Identidad de Género en 2012; también el fenómeno de Ni Una Menos a partir de 2015; la Ley Micaela de 2018; y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2020. Para Morgade, todos esos hitos legislativos hicieron y hacen a la orientación de la Educación Sexual Integral.
Estos 20 años, a lo largo de los cuales la ESI fue militada, discutida, resistida y modificada, tienen efectos que sobreviven más allá de los gobiernos que la niegan. Pero también se perciben otros efectos: los de la retirada de las políticas de salud sexual y reproductiva, en muchos casos articuladas con programas de ESI: “Vuelven a aumentar las infecciones de transmisión genital y los embarazos adolescentes. Se empieza a registrar que la falta de insumos y de educación, mueve los indicadores”, dice Morgade.
El abandono en números
El Movimiento Federal XmásESI está integrado por activistas independientes, especialistas, docentes y personas vinculadas con la aplicación de ESI en todas las provincias argentinas. E hizo un relevamiento que da cuenta del estado de abandono y desfinanciamiento de las políticas públicas al día de hoy. También deja ver que el deterioro no se expresa solo en el cierre de programas, sino en una cadena de desinstitucionalización de la política.
En 13 de las 20 jurisdicciones analizadas, el estado de la implementación de las políticas de ESI está debilitado. La desjerarquización de la política a nivel institucional da como resultado el licuamiento o desaparición de los equipos. Hay menos financiamiento, capacitaciones, materiales y acompañamiento en las escuelas. En varias jurisdicciones, la política no desapareció formalmente: quedó degradada, absorbida por otras áreas, sostenida por equipos mínimos o desplazada hacia figuras informales.
La escuela queda sola
El relevamiento muestra que en 11 de 20 provincias analizadas no existen referentes de ESI, aunque el cargo haya existido anteriormente. Y en otras cuatro jurisdicciones se señala que nunca hubo referentes. Solo 5 de 20 respuestas indican que actualmente sí existen. La implementación empieza a depender mucho más de las capacidades y voluntades individuales de docentes y equipos escolares. Algunas escuelas y docentes siguen sosteniendo prácticas de ESI por fuera de las estructuras gubernamentales.
Uno de los datos más claros del relevamiento es que en 14 de las 20 provincias dicen que actualmente no existe articulación entre Nación y la jurisdicción. La estrategia del libertarismo para paralizar la ESI no fue derogar la ley, sino romper o debilitar, según la provincia, la arquitectura federal de implementación.
Semana de la ESI
En conmemoración de los 20 años de la Ley de Educación Sexual Integral Nº 26.150, el Departamento de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA invita a la muestra “La ESI cumple: 20 años de deseos”. La muestra podrá visitarse del 5 al 9 de octubre en el Hall del Anexo Bonifacio (J. Bonifacio 1337, CABA). Y se enmarca en la Semana del Espacio para la Formación en Investigación, donde participa el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación. En ese mismo lugar, el miércoles 7 de octubre a las 18 hs. habrá una activación, donde estarán presentes Valeria Sardi y Graciela Morgade. Además, el sábado 24 de octubre de 15 a 18 hs en Parque Chacabuco tendrá lugar el Festival XmásESI CABA
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