El problema es que las grandes navieras no organizan sus expediciones antárticas de un día para otro. Los itinerarios se definen con meses de anticipación y requieren garantías para el desembarque de pasajeros, conexiones aéreas y abastecimiento. La incertidumbre sobre el funcionamiento de una terminal puede influir en las decisiones comerciales de las compañías.
Cinco cámaras empresariales fueguinas ya advirtieron sobre el riesgo de perder recaladas. La preocupación llegó incluso a la prensa chilena, donde el diario El Pingüino informó sobre las dificultades que atraviesa Ushuaia y la posibilidad de que Punta Arenas reciba operaciones alternativas.

A pocos kilómetros, Puerto Williams muestra cifras de crecimiento. Pasó de 38 a 53 recaladas durante la temporada 2025-2026, un aumento del 39,5%, mientras avanza una inversión cercana a los 22.000 millones de pesos chilenos para ampliar su muelle multipropósito.
Punta Arenas también modernizó sus instalaciones. El muelle Arturo Prat fue ampliado para recibir cruceros de hasta 300 metros, fortaleciendo una actividad que moviliza hoteles, transportistas, comercios y proveedores marítimos.
La expansión chilena no termina en el turismo antártico. Para diciembre está prevista una nueva conexión comercial privada entre Punta Arenas y Puerto Argentino, en las Islas Malvinas, destinada a ampliar los servicios de abastecimiento hacia el Atlántico Sur.
Son proyectos que comenzaron en diferentes momentos, varios antes de la llegada de José Antonio Kast a la presidencia, y que continúan fortaleciendo la infraestructura marítima de Chile.
En Ushuaia, en cambio, el conflicto por la intervención nacional se suma a problemas anteriores vinculados con el mantenimiento portuario, las inversiones pendientes y los cuestionamientos sobre la administración de los recursos. Las responsabilidades alcanzan a distintas gestiones y siguen siendo motivo de controversia.
La capital fueguina mantiene más de 590 recaladas previstas para la temporada 2026-2027, una ventaja considerable frente a sus competidores. Pero esa posición no elimina la necesidad de garantizar condiciones operativas estables.
Mientras la Provincia y Nación discuten quién administra el puerto y los trabajadores anticipan nuevas medidas, Punta Arenas y Puerto Williams amplían su capacidad para recibir embarcaciones. La competencia por el turismo antártico ya no depende únicamente de la ubicación geográfica, sino también de la infraestructura y la previsibilidad que cada terminal puede ofrecer.


