Las fuerzas del cielo. La última escalada comenzó con un mensaje incendiario de Daniel Parisini. El 7 de octubre, mientras se sucedían las revueltas en Francia y parte importante de la nueva derecha mundial las asociaba con la inmigración musulmana en aquel país, “El Gordo Dan” contó que había recibido una denuncia del Centro Islámico de la República Argentina. Era por un posteo xenófobo en el que aseguraba que el Islam ofrecía “quema de gente viva”, “decapitaciones”, “pedofilia”, “esclavitud” y otras acusaciones. Atrás suyo se acomodaron Santiago Caputo y todos sus soldados, como el legislador Agustín Romo -“estamos dispuestos a morir para sostener el culto católico”-, diputados como el otrora ministro Luis Petri y la bullrichista Sabrina Ajmechet, empresarios mileístas como Martín Varvsavsky y Marcos Galperín e incluso el cantante Andrés Calamaro. Pero el tema escaló a otro nivel cuando el propio Milei se sumó a la defensa de Parisini -“tomar nota”, escribió-, en un mensaje que fue celebrado por la subsecretaria de Estado de Estados Unidos, Sarah Roger.
Hasta acá, sacando la intervención extranjera, el episodio podría haber sido una más de las peleas entre los bandos del Gobierno. Desde que llegaron al poder, las pulseadas entre la banda de Caputo y los Menem, que igual que el ex mandatario vienen de esa tradición religiosa, se suelen suceder en clave teológica. El paso del tiempo sólo profundizó esa tirria con el karinismo, y los vaivenes en la interna hicieron que ahora los soldados de Patricia Bullrich -con la lógica de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo- se sumaran a esta guerra santa. Sin embargo, el asunto se puso más complejo. Primero, porque los denunciados -también está Eduardo “el Presto” Prestofelippo, youtuber que fue parte de los inicios de LLA y luego se alejó con fuertes diferencias- aseguran que los que motorizaron la intimación judicial fueron los propios Menem. De hecho, los soldados de Caputo hicieron circular imágenes del Presidente de la Cámara de Diputados con las autoridades del Centro Islámico, como si eso fuera una prueba de sus acusaciones.
Pero el punto más delicado es otro. En un giro inesperado de los acontecimientos, el “máximo prócer” del Presidente, Alberto Benegas Lynch, subió una nota donde criticaba, sin nombrarlos, al “Gordo Dan” y los suyos: “Alimenta llamaradas fanáticas hacer temas religiosos confrontativos”. Ese tuit fue compartido tanto por Martín Menem como por Shariff, su sobrino y líder de la juventud de LLA, dos que en el pasado ya han hecho público lo “estúpido” que les parecen los comentarios del caputismo contra el Islam. Pero Parisini cruzó una línea roja y cargó contra Benegas Lynch, que para sumarle una complejidad más es el padre del diputado homónimo: “Me chupan un huevo todos ustedes del primero al último, incluyendo al del retuit”, en referencia al Presidente de la Cámara. No hay paz en el oficialismo.
Laberinto. Una primera lectura de todo el conflicto podría ser la que indica la racionalidad política: que las diferencias religiosas son apenas una excusa más para disputar poder dentro de un oficialismo convulsionado, en la antesala del armado de listas para el año que viene. “Cuando tiro un tuit contra el Islam sólo estoy pensando en los Menem”, admite un tuitero furioso alineado con el caputismo.
Sin embargo, en LLA no todo es lo que parece. Por un lado está el Presidente, alguien que habita en el misticismo, que en su cruzada teológica carga contra el Islam cada vez que puede. Por el otro, los Menem -en especial “Lule”, Shariff y Zulema- se toman muy en serio sus creencias. Como si fuera poco, el diputado Santiago Santurio acaba de estrenar un podcast llamado «Ortodoxia», con una clara apuesta por el catolicismo más conservador. ¿Hasta dónde puede escalar esta guerra santa?


