Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles a los 82 años. El periodista y conductor, con una extensa trayectoria en televisión y radio, pasó sus últimos días internado en el Sanatorio Mater Dei de la Ciudad de Buenos Aires, donde falleció a raíz de un cuadro de complicaciones respiratorias.
Este lunes 7 de septiembre el Gelblung había sido internado en ese sanatorio porteño de modo preventivo con el objetivo de estabilizar su cuadro respiratorio, teniendo en cuenta que había tenido un episodio similar semanas atrás.
Esta había sido la cuarta internación del conductor en lo que va del año. La primera fue en mayo, cuando fue trasladado de urgencia a terapia intensiva tras una descompensación en su domicilio. En esa oportunidad, los médicos detectaron una trombosis en uno de sus tobillos, le colocaron dos stents y lo anticoagularon, proceso que se extendió por casi un mes.
El 17 de junio, el periodista debió ser hospitalizado por una complicación pulmonar, producto del regreso anticipado a su actividad laboral. Luego, el 28 de julio, Gelblung sufrió otro episodio respiratorio, que fue estabilizado en el centro médico.
Pese a sus complicaciones de salud, Gelblung había retornado a la televisión después de su última internación y apareció en la pantalla de Crónica TV, donde explicó que su intención era no interrumpir su labor periodística: “Es parte de la terapia”, indicó.
Una extensa trayectoria
Porteño, oriundo del barrio de Devoto, cuando a esa zona todavía la dominaban las grandes casonas, Samuel Gelblung nació el 7 de febrero de 1944 en una familia de clase media con fuertes inquietudes políticas de izquierda.
Su vocación por la lectura y la escritura llevó a que tuviera su primera oportunidad con menos de 20 años en la revista Gente, de Editorial Atlántida, donde comenzó a formarse como periodista.
Con poca formación académica, conoció a fondo el oficio en las redacciones y tuvo una suerte de posgrado en lo que fue su primera gran cobertura: con 25 años cubrió la “guerra de los seis días”, que tuvo como protagonista a Israel y a varios de sus vecinos árabes como Egipto, Siria, Jordania e Irak.
Su capacidad y su creatividad para generar ejes noticiosos de impacto lo llevaron a ser el jefe de redacción de esa revista. “Nunca dejes que la realidad te arruine una buena nota”, era una de sus polémicas máximas, que aplicó en varios episodios de su carrera.
Uno de los primeros lo contó él mismo: “Fui a Atolón de Mururoa (Pacífico) a cubrir una prueba nuclear que mató miles de peces. Llegué tarde y no encontré ningún pescado porque se los había llevado la marea. ¿Cómo reproducís eso? Vas al mercado, comprás pescados y los tirás para hacer la foto”.
Su impronta en el periodismo gráfico -el género que más le gustaba, según reconoció en entrevistas- lo llevó a popularizar su imagen en la televisión y en la radio. Su explosión en los medios audiovisuales fue en la década del 90, donde comenzó a pisar fuerte en la televisión, con un ciclo semanal que hizo historia: “Memoria”.
Allí, desarrolló investigaciones sobre temas misteriosos y bizarros, como la historia del parapsicólogo estafador Ricardo Gil Lecha, que incluyó a un ilusionista “experto en engaños psíquicos” para demostrar las mentiras del parapsicólogo. O la autopsia “en vivo” de un supuesto extraterrestre.
Sus vínculos con la dictadura
En 1976, asumió como director de la revista Gente, uno de los medios cómplices y colaboradores de los delitos que se llevaron a cabo por parte de la Junta Militar tras el golpe de estado.
Incluso, el propio periodista lo reconoció públicamente: “Durante el Proceso tomé una posición muy clara: entendía que había una guerra, y en esa guerra elegí el lugar en donde estaba, que era en contra de la guerrilla. Eso no significa que haya avalado los métodos de la represión. Yo soy responsable de todo lo que salió en Gente durante el Proceso, desde la primera línea hasta la última, nadie me dio instrucciones, nadie me dijo qué tenía que poner y que sacar”.
Uno de los casos más emblemáticos que expone la complicidad y manipulación informativa por parte de esa revista fue el caso de la exlegisladora de CABA, Alejandrina Barry. Su padre había sido secuestrado y desaparecido por la dictadura genocida, en tanto que su madre se había suicidado para evitar ser apresada con vida y torturada en un campo de concentración. Gente, Somos y Para ti publicaron fotos de Alejandrina a la edad de tres años mostrándola como “los hijos del terror”.
Al contrario de lo afirmado por Chiche, se trató de una publicación enmarcada en una operación de “acción psicológica” para encubrir los secuestros, torturas y ejecuciones que eran moneda corriente. Utilizaron la imagen de una niña “huérfana” por decisión de sus padres “terroristas” que se resistieron a caer en manos de la coordinación represiva del Cono Sur, mientras que “otros subversivos salvaron su vida rectificando el camino y entregándose a las autoridades”.
Tras la recuperación de la democracia en 1983, el rol periodístico de Samuel “Chiche” Gelblung fue objeto de fuertes debates y cuestionamientos. Sin embargo, él minimizó las acusaciones sobre su responsabilidad editorial como uno de los comunicadores y colaboradores del discurso del régimen, y optó por un perfil más bajo. Restringió sus apariciones y el nivel de exposición pública que había mantenido en la década anterior.
Posteriormente, Gelblung se reinventó y se convirtió en un pionero en fusionar la política y el espectáculo, que lo llevaron a convertirse en una de las caras más reconocidas del periodismo en televisión y radio.
La muerte lo encontró a sus 82 años, mientras seguía activo con dos programas en vivo al momento de su internación.


