La medida no es menor. La policía, como fuerza encargada de garantizar el orden y la seguridad pública, cumple un rol preventivo fundamental en territorios alejados, donde la respuesta tarda más y el delito encuentra terreno fértil . Sin esa cobertura específica, productores y trabajadores rurales quedan prácticamente expuestos.
Desde el sector agropecuario advierten que la situación puede escalar rápidamente. Menos controles, menos patrullaje y menos inteligencia territorial se traducen en una ecuación peligrosa: más delito y menos capacidad de reacción.
El problema no es solo operativo, es político. Mientras se habla de seguridad en discursos, en los hechos se eliminan herramientas concretas que funcionaban en el territorio. La desarticulación de esta división no solo debilita la prevención, sino que envía un mensaje claro: el campo dejó de ser prioridad.
En un contexto donde el delito rural viene en aumento en distintas regiones del país, la decisión genera alarma y abre un interrogante inevitable: ¿quién cuida ahora las zonas productivas?
La sensación es una sola: menos Estado donde más se lo necesita. Y eso, en materia de seguridad, siempre se paga caro.
Policias en accion TDF


