La economía argentina suma un nuevo indicador preocupante: el consumo de combustibles continúa en retroceso y se consolida como uno de los termómetros más claros de la desaceleración general.
De acuerdo a datos relevados por la consultora Politikon Chaco en base a la Secretaría de Energía, las ventas de combustibles al público ya habían caído 1,7% interanual en febrero, con un volumen total cercano a 1,3 millones de metros cúbicos.
Sin embargo, el dato más reciente profundiza la tendencia: en marzo de 2026 la caída interanual alcanzó el 4,6%, marcando un deterioro aún mayor del consumo en todo el país.
Un consumo que no repunta
El comportamiento por tipo de combustible también evidencia la crisis:
- Naftas: caída leve o estancamiento, con retroceso en el segmento súper.
- Gasoil: fuerte baja, especialmente en el segmento común (hasta -10,4%).
- Segmentos premium: únicos con subas, pero con bajo volumen relativo.
Este escenario refleja un patrón cada vez más marcado:
menos consumo masivo y mayor concentración en sectores de mayor poder adquisitivo.
Tierra del Fuego: el impacto en el extremo sur
En provincias como Tierra del Fuego, el retroceso del consumo de combustibles tiene un efecto aún más sensible. La dinámica local combina:
- Caída de la actividad industrial
- Menor circulación comercial
- Reducción del transporte vinculado al consumo
En este contexto, la baja en la venta de naftas no solo refleja menos movimiento vehicular, sino también un enfriamiento general de la economía fueguina, donde el consumo interno es clave para sostener la actividad.
Un indicador que anticipa más problemas
El desplome en las ventas de combustible no es un dato aislado. Se suma a:
- Caída del consumo en supermercados
- Retroceso de la actividad industrial
- Menor uso de transporte y logística
Se trata, en definitiva, de un indicador transversal: cuando cae el expendio de combustibles, cae también la actividad productiva, el comercio y el movimiento económico en general.
Con varios meses consecutivos en baja y sin señales claras de recuperación, el consumo de naftas y gasoil se consolida como una señal directa de la crisis: menos movimiento, menos producción y, en consecuencia, menos empleo y menor dinamismo económico en todo el país.


