La decisión se inscribe en un gesto más de negacionismo del gobierno de Javier Milei y de alineamiento y subordinación con Estados Unidos e Israel. Estos tres fueron los únicos votos en contra de la Asamblea General.
La votación tuvo lugar en una fecha de fuerte carga simbólica a nivel global, dedicada a la memoria de las víctimas de la esclavitud transatlántica y a la reflexión sobre sus consecuencias presentes en las formas contemporáneas de racismo.
Así, Argentina no sólo se ubica en un lugar de aislamiento, sino que se inscribe en un bloque minoritario que resiste ese proceso global, marcando un retroceso en materia de derechos humanos.


