La noticia del deceso fue confirmada por fuentes cercanas al entorno del relator. Por el momento, no se han confirmado los datos precisos sobre la causa inmediata de la muerte que se produjo hoy a las 2 am.
Un legado inigualable
Nacido en Villa Crespo como Lázaro Jaime Zilberman, Araujo supo desde temprano que su destino era la comunicación. Tras dar sus primeros pasos en los años setenta junto a Fernando Niembro, su gran salto a la inmortalidad ocurrió en agosto de 1989. Fue allí cuando se puso al frente de Fútbol de Primera, el programa que bajo su conducción se convirtió en un rito sagrado para los argentinos, marcando picos de rating que hoy parecen de otro planeta.
Su estilo no fue uno más; fue una ruptura. Araujo instaló la ironía, el suspenso y la complicidad con el espectador. Sus diálogos con Enrique Macaya Márquez eran mucho más que un análisis táctico; eran una pieza teatral donde frases como “¿Eso fue penal o yo estoy crazy, Macaya?” o sus desesperados gritos ante goles errados quedaban grabados en el ADN de la cultura popular.
Entre la gloria y el regreso
Luego de dejar su lugar a Sebastián Vignolo en 2004, su carrera no se detuvo. Llevó su impronta a Colombia, relató mundiales para Canal 9 y fue la voz de la Copa Confederaciones junto a Juan Pablo Varsky. Sin embargo, su último gran acto de protagonismo llegaría en 2009. Con el nacimiento de Fútbol para Todos, Araujo regresó a la pantalla para liderar periodísticamente el proyecto y volver a relatar el clásico del domingo en televisión abierta, cerrando un círculo que lo mantuvo vigente hasta su renuncia en 2014.
La noticia genera un vacío inmenso en sus amigos más íntimos, y en una audiencia que hoy despide al locutor que le enseñó a la Argentina que el fútbol, además de pasión, podía ser el mejor de los entretenimientos.
Noticia en desarrollo


