El dato no es menor: implica que casi tres de cada diez estudiantes primarios del país quedarán por debajo del estándar acordado a nivel federal, aun considerando únicamente la planificación oficial de las provincias, sin tener en cuenta interrupciones posteriores como paros, problemas edilicios o contingencias climáticas.
Las provincias que no cumplen
El informe identifica siete provincias que no garantizan el mínimo de horas de clase para una proporción significativa de sus alumnos: Santa Cruz, La Rioja, Tucumán, San Juan, Río Negro, Buenos Aires y Chubut.
Los casos más críticos se registran en:
- Santa Cruz, donde el 91% de los estudiantes de primaria no llegará a las 760 horas.
- La Rioja, con el 87%.
- Tucumán, con el 72%.
También quedan por debajo del piso mínimo San Juan (51%), Río Negro (49%), Buenos Aires (25%) y Chubut (20%).
Días, horas y una meta que no se alcanza
La normativa vigente establece un mínimo de 190 días de clase por año y define que cada jornada efectiva debe contar con al menos cuatro horas reloj de actividad pedagógica, lo que fija el piso anual en 760 horas.
Sin embargo, para 2026 solo tres provincias planifican cumplir con los 190 días: Santiago del Estero (192), San Luis (191) y Mendoza (190). Otras jurisdicciones compensan la menor cantidad de días con jornadas más largas, lo que les permite alcanzar el mínimo de horas, aunque no el de días.
El promedio nacional, que había mostrado una recuperación tras la pandemia, vuelve a retroceder: en 2025 y 2026 se proyectan 185 días de clase, por debajo del objetivo federal.
Lo planificado y lo real: una brecha sin datos
Un punto clave que subraya el informe es que Argentina no cuenta con información pública sistematizada sobre las horas y días de clase efectivamente dictados. Los datos relevados corresponden únicamente a los calendarios oficiales, que muchas veces no se cumplen en la práctica.
Paros docentes, problemas de infraestructura, ausencias y factores climáticos suelen profundizar la pérdida de tiempo escolar. Sin un sistema de monitoreo que registre día a día lo que ocurre en las aulas, la distancia entre lo planificado y lo real queda invisibilizada.
El contraste con Tierra del Fuego
En este contexto nacional, Tierra del Fuego aparece como un caso aún más preocupante por la falta de información oficial pública. A diferencia de otras provincias que al menos detallan días y horas planificadas, en la provincia no existen datos accesibles y claros sobre:
- La cantidad de horas anuales previstas.
- Los días y semanas de clase efectivamente dictadas.
- El impacto real de interrupciones recurrentes del ciclo lectivo.
Esta ausencia de información impide cualquier comparación seria con el resto del país y deja a familias, estudiantes y docentes sin herramientas para dimensionar cuánto tiempo educativo se pierde año tras año.
Tiempo en el aula, una variable clave
Especialistas coinciden en que la cantidad de tiempo efectivo de enseñanza es un factor determinante para mejorar los aprendizajes y reducir desigualdades. Menos horas de clase implican menos oportunidades pedagógicas, trayectorias educativas fragmentadas y mayores dificultades para garantizar el derecho a la educación.
Mientras el debate educativo vuelve a poner el foco en los días y horas de clase a nivel nacional, la situación fueguina expone un problema adicional: la falta de transparencia y de datos oficiales. Sin información clara, no hay diagnóstico posible ni políticas públicas que puedan revertir una crisis que impacta de lleno en el futuro de los estudiantes.


