Desde los organismos provinciales se indicó que esta situación viene siendo
advertida desde hace tiempo, motivo por el cual se intensificaron las tareas
preventivas. Actualmente se desarrollan operativos permanentes en el campo, con
mayor presencia de personal, móviles y controles, orientados a reducir factores de
riesgo y a supervisar zonas sensibles.
El nivel de alerta no responde únicamente a las condiciones meteorológicas, sino a
una combinación de variables. Si bien Tierra del Fuego no presenta temperaturas extremas como otras regiones del país, se registraron jornadas con valores
cercanos a los 20 grados, sumadas a fuertes vientos y períodos de escasas
precipitaciones, lo que favorece la sequedad del suelo.
Los informes técnicos advierten que el riesgo no es uniforme en toda la provincia,
sino que se concentra en puntos estratégicos. Entre las zonas más comprometidas
se encuentran sectores del corazón de la isla, Península Mitre y amplias áreas de
pastizales en la región norte, especialmente en cercanías de Río Grande. En estos
lugares se detecta una importante acumulación de material vegetal seco, que actúa
como combustible ante cualquier foco ígneo.
También se identifican sectores del sur provincial donde la carga de vegetación es
media y gruesa, generando condiciones propicias para la propagación del fuego en
caso de incendios.
Más allá de los factores climáticos, los organismos remarcan que el principal
riesgo sigue siendo la acción humana. Encender fuego en zonas no habilitadas,
arrojar colillas o no respetar las restricciones vigentes multiplica exponencialmente
las posibilidades de que se inicie un incendio.
En ese marco, se reforzaron los operativos de control y se labraron actas por
incumplimientos a la normativa. Las autoridades reiteran a la población que solo
está permitido hacer fuego en espacios habilitados y en días expresamente
autorizados, recordando que una conducta imprudente puede derivar en
consecuencias graves para el ambiente, la infraestructura y la seguridad de las
personas.
La provincia atraviesa así una temporada de máxima sensibilidad ambiental, donde
la prevención y la responsabilidad individual se vuelven factores decisivos para
evitar emergencias de gran magnitud.


