Una sucesión de concesiones desde el gobierno fueguino a una empresa de capitales británicos, que se origina (al menos públicamente) en las reuniones que mantuvo en marzo de 2023 del Gobernador Gustavo Melella con el Embajador de los EEUU Marc Stanley, continuó con el Embajador Argentino en EEUU, Jorge Arguello, comentando que celebraba la decisión de LeoLabs de instalar un radar espacial en la Argentina y se cerró cuando la población toda se desayunó a fines del mes de junio que este aparato se encontraba efectivamente instalado y funcionando a pesar del peligro estratégico y militar que este significaba para la Argentina y pese a pertenecer a una empresa de la órbita de la OTAN que, si bien arguye que el radar permite el seguimiento de chatarra espacial en la órbita baja terrestre, el mismo tiene una capacidad dual (civil y militar) al poder observar y monitorear tanto el movimiento de satélites como la trayectoria o lanzamiento de vectores (misiles).
En la provincia donde los funcionarios exprimen el jugo político de cada foto con un Veterano de Guerra y pregonan en los actos conmemorativos que son los primeros que defienden la causa Malvinas, ellos mismos, se abrieron de voluntades y entregaron el alma a una empresa que se instaló en una hacienda en medio de la provincia y ante los ojos de todos sin poder, al día de hoy, explicar cómo es posible que no supieran que esto ocurría, o la naturaleza de la empresa enemiga que se instalaría o, mejor aún, cuánto costó el silencio necesario para que este elefante blanco pasara frente a sus narices sin tener ningún inconveniente.
Paradojas de la soberanía en una provincia que dice sentir Malvinas mucho más que otras partes del país.


